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Castillo

Huesca -  Sobrarbe -  Abizanda -  Abizanda

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  • Vista general desde el oeste
  • Vista general
  • En primer plano, restos del recinto amurallado
  • Torre desde el sur
  • Planimetrías. Plantas 1 y 2 de la torre
  • Planimetrías. Plantas 3 y 4

Descripción


Ocupan la cima del cerro donde se encuentra el castillo dos edificios de construcción posterior, la iglesia y la casa abadía. Con la primera (del siglo XVI) compone un interesante conjunto histórico-artístico. La segunda (siglos XVII-XVIII) alberga en la actualidad el Museo de Creencias y Religiosidad Popular, que utiliza la torre del castillo como sala de exposiciones temporales.


Se trata de un castillo, o recinto fortificado, compuesto por un muro y restos de algunas torres. En el extremo norte del recinto se eleva la única torre que se conserva completa, que cerraría la fortificación por ese lado. En el interior del recinto había una pequeña iglesia románica, que apareció durante la restauración de la abadía. La iglesia es de pequeñas dimensiones, construida en sillarejo, y constaba de nave única cerrada por ábside semicircular. Éste estaba cubierto por bóveda de horno. El ábside y el arranque de la bóveda se conservan adosados a la casa abadía, mientras del resto sólo puede verse parcialmente la cimentación.

El recinto amurallado protege la torre por los lados sur, este y oeste. Está realizado en sillarejo con un aparejo distinto al de la torre y con mortero muy duro. Próximo a la torre, en el ángulo noreste, se conserva el arranque de un bastión. Constó además de otros tres bastiones en los lados este, oeste y sur, unidos por un muro. 

La torre del castillo de Abizanda se ha conservado prácticamente tal y como se construyó en el siglo XI, completándose además con un recinto amurallado.           

La torre presenta planta rectangular con una superficie de 13,64 por 8,16 metros de lados externos, con un espesor de los paramentos hasta la altura de la puerta de casi dos metros, dejando un espacio interior habitable de algo más de 40 metros cuadrados en las plantas inferiores, mientras que la última es de 60 metros cuadrados, dado el progresivo estrechamiento de los muros. La torre de Abizanda es una de las más espectaculares del Alto Aragón, con alrededor de 24 metros de altura repartidos en cinco plantas, todas ellas realizadas con pisos de tablas apoyados sobre vigas que a su vez se apean en retallos en cada uno de los muros. La fábrica de la torre de Abizanda presenta dos clases de aparejo distintos, y por tanto, dos fases de construcción. La obra de la parte inferior de la torre correspondería a la torre levantada a finales del siglo X destruida en el año 1006 por las tropas musulmanas, y sobre la cual se construyó unas décadas más tarde el resto de la torre hasta alcanzar 24 metros. Se trata de una construcción realizada por maestros lombardos que permite calificarla en el más antiguo estilo románico, donde cabe destacar la única puerta de acceso, de un metro de anchura situada a una altura de más de 6,50 metros abierta en su muro sur.

En la parte baja de la torre y hasta aproximadamente tres metros, la obra es de sillares muy bien escuadrados, de cromatismo más claro y de textura granulosa, sin embargo, a partir de ahí, la fábrica es de sillarejo más pequeño, de color ocre con incrustaciones de microfósiles, asentado con argamasa de gran dureza.            

La planta inferior, bajo la puerta, se encuentra cegada con tierra hasta una altura de aproximadamente tres metros, que correspondería a un relleno antiguo que se introdujo intencionadamente con finalidad defensiva, para evitar un posible ataque a la parte baja de la torre mediante una zapa o fuego. Las excavaciones arqueológicas dieron a conocer que este relleno estaba formado por acumulación de tierras sueltas mezcladas con cascotes, trozos de losas y tejas, argamasa, piedras y restos de carbones, en la parte inferior se hallaron fragmentos de cerámica de ollas en pasa gris o negruzca correspondientes a los siglos XI al XV, además de restos óseos de animales que sirvieron de alimentos a sus habitantes. Ese espacio presenta seis aspilleras, dos al norte y al sur, y una en los muros este y oeste, abiertas sobre el aparejo más antiguo que corresponde posiblemente al siglo X.      

En la planta segunda de la torre está el acceso. La puerta presenta un metro de anchura y se sitúa a una altura de más de seis metros del nivel del suelo, abierta en el paramento sur,  mirando al patio de armas para favorecer la defensa de acceso al interior. La puerta es adintelada y sobre ella se observa un arco de medio punto de pequeñas dovelas,  en su interior destaca la viga de madera original con los huecos en ambos extremos para los quicios, que indican que la puerta era de doble hoja de madera. Se llegaría a la misma mediante una escalera de mano que se colocaría y retiraría desde el interior. En la actualidad se ha construido una escalera de madera pegada a la pared para facilitar el acceso a los visitantes.     

En esta segunda planta se ha realizado una obra de carpintería intentando reproducir el aspecto que debía tener en su origen en los distintos pisos y la comunicación que habría entre ambos. Así mismo, presenta una aspillera en el centro de cada uno de sus paramentos, las del este y oeste están en una cota más elevada y más bajas las aspilleras del muro sur y norte.            

Posiblemente en la tercera planta habitaban los moradores de la torre, dado que es la más confortable para usar como vivienda. En este piso se observa una ventana abierta en el centro del muro oeste compuesta por un doble arco de medio punto con mainel y un capitel trapezoidal desde la que se controla el territorio occidental de la comarca de Sobrarbe y el camino que llegada desde Aínsa. En el muro este se observa una ventana de doble arco que fue tapiada para convertirla en un armario o en una capilla, creando una habitación de uso restringido dado que sus paredes se pintaron de color rojizo.             

En el ángulo formado por los muros este y sur se construyó un retrete en un espacio rectangular al que se accede a través de una puerta adintelada y sobre ella un arco de medio punto similar al de la puerta de acceso de la torre. Se ha conservado parte del asiento de obra con su evacuatorio que salía en pendiente al exterior por ese paramento, este retrete se iluminaba por dos pequeñas aspilleras en los muros este y sur.            

La cuarta planta también debía ser habitable, dado que en el muro sur se abre una ventana de doble arco de medio punto mirando al patio de armas. En este muro sur se observa una aspillera, así como otras de igual factura en los muros este y oeste.   La quinta planta era exclusivamente defensiva, con total finalidad de vigilancia del terreno, en ella se almacenaban las piedras para ser arrojadas desde lo alto, el suelo de tablas se apoya sobre dos arcos de medio punto,  y tiene en el centro de cada uno de los muros una estrecha puerta en arco accediendo al cadalso de madera que recorre exteriormente el perímetro de la torre.            

En la reconstrucción de la torre del castillo de Abizanda se cerró el cadalso dejando solo unas pequeñas aperturas por razones de seguridad para los visitantes, pero en origen se trataba de una construcción de madera muy ligera y abierto en todos sus frentes para facilitar el lanzamiento de piedras el disparo con arco.     

Así mismo, en las obras de restauración no se obtuvieron datos suficientes para conocer como debió ser la primitiva cubierta, si a una sola vertiente o a dos, ni tampoco los materiales que se utilizaron, por tanto, se siguió el criterio de hacer el nuevo tejado a cuatro vertientes para garantizar su resistencia y facilitar su acceso a la hora de reparaciones.  

El recinto amurallado que rodea la torre de Abizanda, se conserva en gran medida. Este lienzo de muralla es de obra de sillarejo y argamasa y parece en su conjunto una obra inmediatamente posterior a la de la torre principal. Cabe destacar que en el muro mejor conservado, situado al sur de la torre presenta un aparejo con una disposición de hiladas diferente al resto de los muros, pudiendo tratarse de una construcción anterior a éstos, correspondiente quizá a una torre albarrana separada del recinto, según algunos autores. Se trata de un lienzo rectangular e irregular, de alrededor de sesenta por veinticinco metros, articulado en cuatro pequeños cubos cuadrados desiguales y en diferente estado de conservación. El cubo del lado este se utilizó para construir en su interior la bóveda de cuarto de esfera del ábside, precedido de la bóveda preabsidial de medio cañón, correspondiente a una pequeña iglesia de planta ligeramente rectangular descubierta en 1998 al desmontar la antigua casa de la abadía que estaba adosada a la parte exterior de este lienzo de muralla. En este muro se observan dieciséis estrechas aberturas, a modo de aspilleras rectangulares, casi sin derrame, que perforan a distintas alturas la parte baja del ábside y del arco del presbiterio, que aparecen también en el lienzo de la muralla a la izquierda. Posiblemente se trata de aspilleras que defendían el primitivo camino de subida al castillo que discurría por el flanco este del mismo.

 



Protección. Historial administrativo


 Declaración Resolución: 17/04/2006 Publicación: 22/05/2006
Consultar BOA
Número de expediente:  CAST 02/2006

Bibliografía


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  • CASTÁN SARASA, Adolfo. El castillo de Abizanda. Diario del Altoaragón. 10/08/1999
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  • ESTEBAN LORENTE, Juan Francisco. El hombre, la balística y la medida: Consideraciones para la restauración de cadalsos y techumbres en los castillos del siglo XI. Abizanda, Fantova y Loarre. Artigrama. 1989-1990 , nº 6-7,
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  • GUITART APARICIO, Cristóbal. Castillos de Aragón. Zaragoza: Librería General, 1977.
  • JUSTE ARRUGA, María Nieves. Excavaciones en la torre de Abizanda: Campaña de 1991. Arqueología Aragonesa. 1991
  • JUSTE ARRUGA, María Nieves. Informe de la excavación efectuada en la Torre de Abizanda. Arqueología Aragonesa. 1988-1989
  • MÉNDEZ DE JUAN, José Félix et al. (coord.). Aragón. Patrimonio cultural restaurado. 1984/2009: Bienes inmuebles. Zaragoza: Gobierno de Aragón, 2010.
  • PUYOL IBORT, Marta et al. Inventario de patrimonio arquitectónico de Sobrarbe y Ribagorza. Inventario inédito, CEDESOR (Centro de Desarrollo de Sobrarbe y Ribagorza), 1999-2001.

Síntesis histórica


Abizanda es la población más meridional de la comarca del Sobrarbe, el denominado Castillo de Abizanda de origen medieval es su monumento más emblemático, uno de los más espectaculares y mejor conservados de Aragón. El castillo de Abizanda era fundamental para la vigilancia y defensa de la frontera meridional del territorio del Sobrarbe frente a los árabes. Se comunicaba visualmente –en su época mediante señales de fuego- con los castillos de Secastilla, Clamosa y Troncedo por la vertiente izquierda del Cinca, y por la derecha con los de Escanilla, Samitier, Olsón y Buil.La primera mención del castillo de Abizanda data de 1006, cuando Abd al-Malik y sus tropas llegaron desde Córdoba para someter los territorios de Sobrarbe y Ribagtorza destruyendo este primitivo castillo denominado de Abinyunás. Esta referencia indica que antes del siglo XI ya existía una torre, de la cual se conserva la parte inferior, donde se distingue su fábrica, sobre todo en los muros este y sur, por sus dimensiones mayores, por su cromatismo y por el diferente aparejo de las hiladas, por tanto se trataría de una obra prerrománica, anterior al año 1000.

Una década más tarde este territorio del Sobrarbe y Ribagorza fue reconquistado por Sancho el Mayor, rey de Navarra. Durante su reinado se construyó esta imponente torre, seguramente entre 1030 y 1040. Sobre las paredes demolidas por las tropas árabes, se levantaron los cuatro muros con un aparejo más menudo, de sillarejo regular y asentado con una argamasa de excelente calidad, de clara procedencia lombarda.

Más adelante se construyó el recinto amurallado posiblemente en las últimas décadas del siglo XI se levantó la iglesia incrustada en un lienzo de la muralla, con el ábside recto por fuera y semicircular al interior.El castillo de Abizanda, como otros castillos, quedó encomendado a los tenentes o señores de confianza del rey, el primero documentado es en 1059 Ato Galíndiz, sennior de Abinçala, que después tendría también del dominio del castillo de Torreciudad.  Posteriormente se nombra este castillo en 1194 citando a Guillelmo de Castroaszol in Aviszanla. A finales del siglo XIII pertenecía, junto con los lugares de El Grado, Secastilla, Bolturina, Puy de Cinca y Clamosa a la baronía de Antillón. A comienzos del siglo XV el lugar y castillo de Abizanda eran propiedad del  conde Jaime de Urgel, que se alzó en armas tras la elección de Fernando de Antequera como rey de la corona de Aragón en 1412. En 1413 las tropas reales asediaban y quemaban Abizanda, pero el castillo no fue demolido, aunque quizá se destruyó su principal elemento defensivo, que era el cadalso que madera que rodeaba el perímetro de la torre en el último piso.

A lo largo del siglo XVI, fuera de los peligros de guerras y en una etapa de estabilidad, el castillo de Abizanda había perdido toda la función defensiva que tubo a lo largo de los siglos anteriores quedando abandonada. Con el paso del tiempo, la demografía de Abizanda creció, y la pequeña iglesia del interior del recinto medieval resultaba insuficiente, iniciándose la construcción de una mucho mayor tras la muralla este, junto al escarpe oriental del castillo consagrándose a Santa María, y en la actualidad bajo la advocación de La Asunción.

Con el paso del tiempo se hundió el tejado y los pisos de tablas de la torre,  quedando en pie sus muros maestros, sin embargo se conservó la entrada en altura, protegiendo así la torre de expolios; no ocurrió lo mismo con los paños de la muralla, utilizados como cantera para la construcción de viviendas u otros edificios. A finales del siglo XX se llevaron a cabo las primeras obras de restauración del castillo de Abizanda, que han evitado su ruina y arrojado datos arqueológicos de la técnicas constructivas del siglo XI.

Datación e historia del bien


 CONSTRUCCIÓN
Edad Media-S. X-Segunda mitad
MUSULMÁN

A la segunda mitad de este siglo correspondería el basamento hasta una altura aproximada de unos 3 m. Es una obra de época musulmana realizada con grandes sillares de color claro.

 CONSTRUCCIÓN
Edad Media-S. XI-Final-1023
ROMÁNICO
Construcción de la torre, por maestros lombardos, y recinto, por maestros locales.
 CAMBIO DE PROPIEDAD
Edad Media-S. XI-Final-1055

Primera mención documental de un tenente: Ato (o Antón) Galíndez

 DAÑOS PARCIALES POR INTERVENCIÓN HUMANA
Edad Media-S. XV-Final-1413
El día de Todos los Santos fue tomada la torre tras un largo asedio y posteriormente será inutilizada para su función militar.
 EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA
Edad Contemporánea-S. XX-Final-1989
Excavaciones arqueológicas en la parte inferior del interior de la torre.
 RESTAURACIÓN
Desde Edad Contemporánea-S. XX-Final-1988 hasta Edad Contemporánea-S. XX-Final-1995

Se lleva a cabo la restauración integral de la torre, que incluye la reposición de los pisos de madera de su interior y la reconstrucción del cadalso exterior y la techumbre.

 

Bernad Rivera, Pedro Miguel (Arquitecto)
 EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA
Edad Contemporánea-S. XX-Final-1999

Excavación arqueológica en el recinto fortificado, donde poco antes había aparecido el ábside de la primitiva iglesia románica adosado a la casa abadía. Se excavó el perímetro de la iglesia.

 RESTAURACIÓN
Edad Contemporánea-S. XXI-2009
Repintado del cadalso y actuaciones de mantenimiento y conservación de la cubierta.

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