Descripción
En sus cercanías hay una surgencia de agua, que genera una profunda poza. La ermita propiamente dicha se encuentra bajo un abrigo rocoso, en cuya pared se abre la entrada a una gruta de unos 20 m de profundidad, que pudo servir como refugio eremítico.
La ermita se ubica bajo el abrigo rocoso, ocupando su mitad este. Para realizarla se ejecutó una obra de acondicionamiento de dos de los muros laterales (que corresponden al ábside y al lado del evangelio) y se cerró con muro de obra el lado sur, que da al exterior del abrigo, hacia el camino. Este muro es de mampostería y está actualmente muy derrumbado. En los otros dos muros se revistió la pared natural con piezas de mampostería, que se pintaron con posterioridad con motivos geométricos (cuadrados) en el muro lateral y volutas, columnas y una figura inidentificable en la cabecera.
El muro de revestimiento da uniformidad a las paredes de la gruta e incluso se curva a modo de arranque de una bóveda sobre la zona de la cabecera.
El altar es una gran losa plana que se sitúa sobre un resalte tallado en la cabecera.
El templo carece de cierre a los pies. Queda delimitado por un canalillo artificial de desagüe que cruza la cueva a la altura del final de los muros de mampostería.
El interior de este espacio se encuentra pavimentado con cantos alargados compuestos en recuadros con dibujos en espina de pez en el interior.
En el muro lateral norte, el del fondo del abrigo, se abre una abertura cuadrada de unos cincuenta cm de luz, con la embocadura arreglada por la mano del hombre, que da acceso a la cueva propiamente dicha.
Fuente
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PUYOL IBORT, Marta et al. Inventario de patrimonio arquitectónico de Sobrarbe y Ribagorza. Inventario inédito, CEDESOR (Centro de Desarrollo de Sobrarbe y Ribagorza), 1999-2001.
Bibliografía
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CASTÁN, Adolfo. Lugares mágicos del Altoaragón. Huesca: Publicaciones y Ediciones del Alto Aragón, 2000.
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FUIXENCH NAVAL, José María. Santuarios rupestres del Alto Aragón. Zaragoza: Prames, 2000.
Síntesis histórica
Los autores que han estudiado la ermita la vinculan con prácticas eremíticas que deben de remontarse a la Edad Media. Los restos arquitectónicos actuales son de difícil datación.
No así las pinturas, que no son anteriores al siglo XVIII, pudiendo datar incluso de principios del siguiente.