El torno se sitúa en el barranco de Formgales (o Formigals), en la cuenca del río Usía.
Justo encima de él se sitúa el molino harinero.
Es un edificio de planta rectangular, con dos añadidos en ambos extremos. Alzado con sillarejo y con cubierta a un agua de losa. El edificio consta de una estancia de planta rectangular, la sala principal, donde se sitúa la prensa. Su muro norte esta asentado sobre la roca que aflora, a la que en su lado este se ha añadido una estancia a un nivel mas elevado donde se colocó un ruello. En el lado oeste se dispone otra estancia para un ruello movido por agua, cuyo muro trasero y lateral se forma de grandes sillares para alojar el cubo y luego balsa que moviera tal ruello. En la fachada este se abren dos puertas a diferentes alturas. La mas alta, en un estado muy inestable de su pared, permite acceder al lugar donde estaba un ruello movido a sangre con su basal, de una altura de 1’5 metros, que lleva inscrita la fecha 1784. Supuestamente fue traído de Salinas de Trillo. Desde allí, unas gradas permiten descender a la sala donde se hallaba la prensa de libra. Otra puerta, en la misma fachada y a una altura inferior, permitía acceder a dicha sala, posiblemente con las caballerías, pues en el muro sur, hoy casi completamente derruido, debían hallarse los algorines.
En la sala donde se hallaba la prensa tres pilares situados en la parte central de la sala ayudaban a soportar el pesado tejado de losa, el cual se ha hundido en sus dos terceras partes, sólo conserva bajo tejado la parte anterior de la prensa, donde se sitúa la libra. En la parte norte se situaba la prensa, la cual se ha hundido su mitad posterior, bajo el peso del tejado. Se conserva aún en la parte anterior la libra, con el husillo, la tuerca y el cabezal, así como las vigas estanteras, incluso en algún rincón hay alguna romanera, traviesa o espadilla, así como espuertas para la pasta molida. En la parte posterior, bajo los escombros, yacen los peones que configuraban la cárcel, las pilas y se mantienen aún enhiestos los matrazos entre los escombros. En la esquina, bajo la ruina, se hallaría la chimenea donde se calentaba en un caldero de cobre el agua para escaldar la pasta y para calentarse en los días y noches de invierno en que se paraba la oliva en el molino, en torno a las fechas navideñas. Desde esta sala, en su ángulo suroeste se abre una pequeña estancia, inaccesible por los escombros, maderos caídos y vegetación, donde se situaba el ruello movido por agua y su basal. Bajo la estancia, un cárcavo de bóveda de medio punto rebajada hoy vacío de todo elemento que permitiese su uso.
El cubo, realizado con grandes sillares escuadrados, se sitúa sobre esta estancia, ya que una acequia excavada en la tierra, proveniente del molino harinero, proveía de agua tanto al cubo como a las necesidades de la molienda. El cubo era de forma cilíndrica, con su fondo a diferente altura, para embocar el agua hacia el saetín. Su limitado volumen debió obligar a derribar su parte posterior para obtener un mayor rendimiento, ampliándose como lo denota la fractura marcada por el cambio de material, al pasar a utilizar un sillarejo mal escuadrado, frente al sillar escuadrado del cubo. En el fondo, un saetín conducía el agua al cárcavo, donde no se conserva ningún resto del rodete.
(La información ha sido extraida del trabajo inédito de Manuel López Dueso titulado Patrimonio etnográfico de la Fueva: descripción e inventario de los molinos del término municipal y propuestas para su recuperación, realizado para el Ayuntamiento de La Fueva)
Arquitectura popular de la zona: muro en sillarejo y cubierta de loseta.