Gobierno de Aragón Diputación Provincial de Huesca Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés

Salinas

Huesca -  La Litera / La Llitera -  Peralta de Calasanz -  Peralta de la Sal


 Áreas de información


 Ubicación:
Se sale de Peralta de la Sal en dirección a Gabasa por la A-2216. Antes de haber dejado atrás las últimas casas hay un cartel que indica una pista hacia la derecha que conduce a las salinas. Se toma el camino y se llega hasta unas instalaciones de las que se extraía sal hasta no hace demasiado tiempo.


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Descripción


 Se trata de una salina de agua o salmuera en la cual la sal se obtiene por evaporación y decantación. La salina es recorrida en toda su extensión por un eje principal que canalizaba el manantial como una espina dorsal encajada entre muros de sillar de unos 2 metros de alto que separaba en dos zonas las eras.
El conjunto está  organizado a partir de dos balsas grandes o saladeras de 8 metros por 16 y de una profundidad de 4 metros cada una, construidas con potentes muros en piedra de sillería; ambas reciben el agua y la distribuyen a una red de balsas pequeñas, pozas o eras, de las cuales, llegaron a existir unas 365, una por cada día del año. Las eras se comunicaban entre sí por canales de medios troncos vaciados, imbricados, que aseguraban una mayor duración ya que  la madera es el material que mejor resulta en contacto con el agua salina.
Cada era tiene aproximadamente entre 3 y 5 metros, y 20 centímetros de fondo. Para evitar filtraciones el suelo de cada era está empedrado con cantos de río y rodeado por un zócalo de ladrillos, colocado en talud. Repartidos entre las eras se disponen unos cubiertos sin muros, para que el agua de la lluvia no mojase de nuevo la sal extraída y acumulada antes de ser transportada, fuera de la Salina.  

Está declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Lugar de Interes Etnográfico por el Gobierno de Aragón en el año 2007

La gestión de una salina es sencilla, y se basa en el principio de que las distintas sales presentan diferentes solubilidades. En primer lugar el agua es bombeada y luego se canaliza por gravedad hacia estanques de poca profundidad denominados saladeras, donde se inicia el proceso de evaporación. A medida que la salmuera aumenta su concentración, se llega al punto de saturación de algunas sales distintas de la sal gema, como es el caso de los carbonatos y los sulfatos. Cuando esto sucede, las aguas de las saladeras son conducidas por tubos hacia estanques de evaporación secundaria denominados eras salantes, en las que se produce la precipitación de la sal gema. En el agua sobrante todavía quedas otras sales de una solubilidad aún mayor, por lo que es eliminada con el objetivo de obtener un producto lo más rico posible en cloruro de sodio. El agua sobrante contiene aún sales de potasio y de magnesio en disolución con lo que el proceso puede continuar para aprovecharlas en otros usos. El sedimento conseguido es conducido y almacenado en montones para su definitiva desecación y el posterior envasado o transporte. La duración del proceso varía considerablemente en función de la temperatura del aire y de otros parámetros meteorológicos como el viento. La sal que se explota en las salinas puede destinarse a usos muy diversos, tales como el consumo doméstico, la prevención de formación de placas de hielo en las carreteras, consumo para el ganado, etc En ocasiones se precisa una sal con una pureza muy elevada, razón por la que se somete a un tratamiento previo a las salmueras, adicionando sustancias químicas que aceleran la precipitación de los solutos indeseados. La cal, por ejemplo, acelera la precipitación de las sales de magnesio, y el carbonato de sodio lo hace con las sales de calcio. El proceso de evaporación del agua puede realizarse también por diferentes procedimientos dependiendo del tamaño de grano que desee obtenerse (sal gruesa o sal fina) Si se desea producir sal gruesa es preciso que la sal precipite en un medio con escasa agitación. En ocasiones la salmuera es calentada en calderas, manteniendo la temperatura en torno a los 85º centígrados. Los cristales van creciendo y su tamaño guarda relación con el tiempo que se les permita hacerlo. La sal de mesa, por ejemplo, corresponde al tamaño de los granos que se les permitió crecer durante un día. La sal fina por el contrario, se obtiene por ebullición en un medio con agitación constante.  



Fuente


  • BIEL IBÁÑEZ, María Pilar (coord.). Inventario del patrimonio industrial y la obra pública de Aragón. Inventario inédito, Gobierno de Aragón, Diputaciones y Comarcas, 2004-2009.

Bibliografía


  • CASTERA, Patricia; Tomás Zarroca, Pepa. El salinar de Peralta de la Sal. Temas de Antropología Aragonesa. 2008 , nº 16-17, p. 231-246.
  • FALGUERA TORRES, Sergio. Las salinas de interior de las comarcas de la Litera/Llitera i la Ribagorza/Ribagorca. Simposio sobre el Patrimonio Minero y Geológico Aragonés (3º 2004, Estopiñan del Castillo). 2004 p. 33-38.
  • MATA PERELLÓ, Josep Maria. Introducción para el conocimiento de la mineria y de las mineralizaciones de la Comarca de La Litera /Llitera (Depresión Geológica del Ebro y Sistema Piernaico, Huesca). Simposio sobre el Patrimonio Minero y Geológico Aragonés (3º 2004, Estopiñan del Castillo). 2004 p. 125-132.
  • MATA PERELLÓ, Josep Maria. Las salinas continentales en los Pirineos occidentales. Simposio Transfronterizo sobre el Medio Natural Pirenaico (1º, 2001, Sort). 2002 p. 121-126.

Síntesis histórica


Las salinas han tenido gran importancia en la antigüedad y su utilización a nivel industrial fue introducida en la península por los romanos.
 
Las salinas de Peralta y Calasanz son de esta época y su importancia erradica en que era la mejor forma que se conocía para conservar y cocinar los alimentos.
 
Prueba de esto es que el imperio romano, en ocasiones, pagaba parte de los jornales de los trabajadores con sal, siendo esto el origen de la palabra salario. Conforme aumento el comercio y los medios de comunicación a lo largo de la historia, la sal perdió parte de su importancia a nivel global. Pero en las zonas de interior peor comunicadas esta actividad industrial ha sido imprescindible para la supervivencia de los núcleos habitados hasta principios o mediados del siglo XX.

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