La leyenda de os Micalez de Bestué cuenta que unos guerreros iban a apoderarse de la citada localidad cuando sus habitantes se encomendaron a la Virgen del Bario y, al llegar los invasores a la Cruz d'o Cumo, una banda de mosquitos no les dejaron pasar. A pesar de ello secuestraron a una pastora llamada Micaela a la que violaron y asesinaron. La enterraron en un lugar determinado de la montaña denominada Castillo Mayor, plantando a sus pies un rosal silvestre y enterrando a su cabecera una olla llena de monedas. Cuentan además que el lugar del enterramiento fue largamente buscado y al final encontrado por un miembro de Casa Escalona de Bestué (en otras versiones es una casa de Puértolas), quien desenterró el tesoro y lo llevó a su casa, pero esa misma noche un rayo entró por la chimenea y mató a la dueña de la casa, como castigo o señal de la mala suerte que trae el oro.
Tal vez esta leyenda, que ha llegado a través de la tradición oral hasta la actualidad, pudo ser origen de una versión culta de la misma narración, puesta por escrito en los siglos XVII y XVIII, y según la cual fueron los invasores sarracenos quienes iban a conquistar Bestué ante lo cual sus habitantes se encomendaron a la Virgen del Bario. Así, a la mañana siguiente amaneció con una niebla densa, en medio de la cual los de Belsué comenzaron a gritar y darse órdenes de defensa que no podían cumplir pero que engañaron a los invasores que acabaron retirándose.
En todo caso, parece que el nombre de “micalez” o "micolez" resulta ser la forma local de nombrar a los “migueletes”, miembros de una milicia de carácter mercenario o voluntario, reclutada en época moderna por las diputaciones y juntas de la Corona de Aragón para acciones especiales o como refuerzo de las fuerzas regulares.
La continuidad de este elemento es media ya que continúa siendo recordada aunque con algo menos de vitalidad que antaño.