Es un edificio de grandes dimensiones y de destacada calidad arquitectónica, que se manifiesta tanto en la obra original cuanto en las reformas y ampliaciones sufridas en dos fases posteriores.
La obra original románica consta de una nave con cabecera semicircular orientada al este. La nave se prolonga hacia los pies a través de una capilla más estrecha, fruto de una ampliación posterior. A ambos lados de la nave se abren sendas capillas, que parecen pertenecer a la primera ampliación (realizada en 1564), aunque algunos elementos suscitan ciertas dudas. El edificio se completa con una sacristía adosada en el costado sur de la cabecera y una torre a los pies. Se ha hablado de tres fases, una primera románica; una segunda datada en 1564 en la que se añadirían las capillas laterales y de los pies, así como la portada y el pórtico; y una tercera, de 1672 (fecha que aparece en el reloj de sol existente en la torre) en la que se construirían la torre y la sacristía. Un análisis detallado de los paramentos no hace sino arrojar dudas acerca de esta datación, expuesta por José Antonio Adell en Catalunya Romanica y que quizá convendría revisar en algunos aspectos.
Al exterior es una obra muy sobria, que destaca más por su monumentalidad y la rotundidad y armonía de sus volúmenes que por su riqueza decorativa. La obra románica original está construida con sillares de buen tamaño dispuestos a soga, un aparejo que en tamaño y aspecto coincide con el del exterior de las capillas; asimismo, se da la coincidencia de algunas marcas de cantero en sillares de cabecera y capillas laterales, lo que podría llevar a replantearse el momento de construcción de las mismas, aunque quizá obedezca a reparaciones efectuadas en la cabecera. El único elemento de carácter decorativo es un alero con doble moldura sostenido por canetes.
Con posterioridad hablaremos de la portada, única zona adscribible con seguridad al siglo XVI.
El resto de la obra, sacristía, torre y capilla de los pies muestra homogeneidad de paramentos, al menos en su parte baja, con grandes sillares de buena labra, ligeramente superiores en tamaño a la obra románica; en la parte superior de la torre y del cuerpo de los pies encontramos un brusco cambio a una mampostería de mala calidad que contrasta notablemente con el resto del edificio. Dada la similitud de los paramentos (tanto inferior como superior) del cuerpo de los pies y la torre, no encontramos justificación que adscriba la primera al siglo XVI y la segunda al XVII. Más bien cabe pensar en una obra unitaria, que sufrió un parón por una posible falta de financiación, y que posteriormente se continuó con aparejo de peor calidad. Tanto la sacristía como el interior de la escalera de la torre presentan asimismo marcas de cantero (al igual que el pórtico), poco habituales en el siglo XVII. Por tanto, o bien toda la obra de reforma se realizó en el siglo XVI y, tras un parón, se terminó en el XVII (lo que justificaría la fecha del reloj de sol) o toda se realizó en 1672, con una detención y una posterior finalización a finales del mismo siglo o principios del XVIII.
La portada, situada bajo la torre, protegida por el pórtico previo que abre al frente en arco de medio punto, lleva la fecha de 1564 en una cartela de cueros recortados situada en la clave del arco de medio punto que la configura. Este es moldurado, situado sobre jambas también molduradas de las que le separa un salmer a modo de capitel muy esquemático.
El interior, como queda dicho, consta de una única nave, cubierta por bóveda de cañón apuntado, dividida en dos tramos por fajón apuntado sobre columnas adosadas, y cabecera semicircular abierta directamente a la nave y cubierta por bóveda de cuarto de esfera. En ambos lados se abren sendas capillas de planta rectangular, cubiertas con bóvedas de cañón ligeramente apuntado. El desprendimiento del revoque de la zona adyacente a la capilla sur deja ver, a la izquierda, el arranque de un arco cuya altura sería sensiblemente inferior a la de la embocadura actual; este detalle complica todavía más la comprensión de la iglesia, que pudo tener desde su origen dos capillas laterales que fueron totalmente rehechas en el siglo XVI.
A los pies de la iglesia se sitúa el coro, plano, de madera, bajo una cubierta en bóveda muy rebajada de altura muy inferior a la de la nave. En el sotocoro se abre la antigua capilla bautismal, profusamente decorada con las pinturas murales que se detallan a continuación.
Uno de los detalles más llamativos del interior es la pintura mural que decora diversas zonas del templo, datable toda ella con posterioridad a la obra arquitectónica y quizá realizada en distintos momentos a partir de 1672. Está situada en el ábside, la capilla bautismal y las capillas laterales, evidenciando diversas manos y momentos de realización, datables todos ellos entre esta fecha y principios del siglo XIX. Se trata en todos los casos de obras de carácter popular, con mayor interés desde el punto de vista de la Etnografía que de la Historia del Arte.
Las pinturas de la cabecera están muy deterioradas. En la bóveda se representaba la paloma que representa al Espíritu Santo rodeada de nubes y angelotes que sirven como apoyo a dos Padres de la Iglesia que sostienen en sus manos las figuras de sendos edificios. En los arranques del arco presbiterial se situaban otras dos figuras de santos, de gran tamaño, una de las cuales se ha perdido, estando la otra tan deteriorada que el personaje resulta inidentificable. A pesar de su deterioro, son quizá las que presentan una mayor calidad de la ejecución, debido a un fluido uso del color y menor rigidez y linealidad que el resto.
Desde el punto de vista iconográfico, el conjunto más interesante es el de la capilla bautismal, situada a los pies, que se conserva casi completo y en relativo buen estado. Es una capilla de planta rectangular, cubierta con bóveda de medio cañón cuya superficie está íntegramente decorada con imágenes. En la parte central de la bóveda hay una imagen de un sol con rostro humano (figura que suele asociarse con Cristo), del que parten de forma radial una serie de segmentos que dividen el espacio en ocho secciones en las que se disponen otras tantas figuras, dos de las cuales se han perdido. Las seis restantes representan a los cuatro evangelistas, separados por las imágenes de dos personajes con atuendos eclesiásticos, quizá relacionados con la dotación de la capilla. Están rodeados por una profusa decoración dieciochesca a base de guirnaldas vegetales, jarrones y angelotes. Se caracterizan por un dibujo muy marcado a base de gruesas líneas negras en las que se disponen los campos planos de color.
La decoración de las capillas laterales tiene menor interés, al ser de carácter exclusivamente ornamental, con motivos típicos del siglo XVIII (rocallas, espejos, motivos vegetales...) en amarillos, azules y ocres.
Existen diversos vanos repartidos por el interior, de los cuales el único que puede adscribirse con claridad a la obra original es la ventana de medio punto con doble derrame situada en la parte central del ábside.
Por último, cabe destacar en el edificio la torre, situada sobre el atrio, de dos cuerpos, separados por imposta. Tiene vanos de medio punto para campanas en el cuerpo superior. El ascenso a la misma se realiza mediante un husillo, con acceso en la capilla de los pies, que alberga una interesante escalera de caracol.