Es un edificio de dimensiones relativamente grandes, ya que sufrió una importante ampliación por la zona de los pies en el siglo XIX.
Tiene planta rectangular con cabecera recta orientada hacia el este y una sacristía adosada por el lado sur. Junto a la cabecera se conservan las ruinas, muy arrasadas, de lo que fue una casa para el ermitaño de cierta envergadura.
Está realizada con mampostería encalada, reforzada con sillares en las esquinas, y cubierta con losa dispuesta a dos aguas.
En el exterior, aparte del volumen saliente de la sacristía en el lado sur, cuyas características constructivas son similares a las del resto del edificio, destacan en el lado opuesto tres contrafuertes que se elevan solo hasta media altura; están situados en la parte delantera del edificio, la más antigua, coincidiendo con tres arcos y pilares que se suceden en el interior.
La iluminación interior se realizaba básicamente a través de una hilera de ventanas de pequeño tamaño abierta en el muro sur: dos en arcos de medio punto monolíticos en la parte más antigua y una adintelada en la zona correspondiente a la ampliación del siglo XIX, hacia los pies. También hay un óculo en la sacristía y tres sencillas ventanas abiertas a distintas alturas en el muro de los pies.
La puerta se encuentra en el muro sur, en la zona correspondiente a la ampliación. Es un vano en arco de medio punto, con dovelas de una gran anchura sobre jambas de cantería.
El interior presenta dos zonas bien diferenciadas, correspondientes a las dos fases de construcción.
La cabecera y los dos primeros tramos de la nave están cubiertos por bóvedas de cañón con lunetos, cuyos arcos fajones apean en pilares adosados a los muros (situados a la altura de los contrafuertes exteriores). Ambos tramos de la nave están recorridos por un sencillo entablamento con molduras dispuestas escalonadamente. El tramo final, donde se encuentra el coro, está cubierto por un sencillo cielorraso plano.
Pero si hay un aspecto en el interior de la ermita que destaca enormemente son las diversas estructuras de madera y la decoración pictórica, que datan de la remodelación de finales del siglo XIX. No solo son una magnífica muestra del arte popular, sino un testimonio del aspecto que pudieron tener numerosas ermitas antes de que estos elementos fueran retirados y los muros repicados para dejar la piedra vista a partir de la década de 1970.
Separando la nave del ábside se eleva se eleva una arquería de madera compuesta por tres arcos, el central más ancho, de tipo conopial, con el intradós recorrido por decoración dentada, y los laterales, más estrechos, de medio punto; apean en esbeltas columnillas rematadas por capiteles decorados por cabezas de ángeles y motivos vegetales. El frente de esta estructura está decorado por pinturas: una Asunción de la Virgen en su parte central flanqueada por dos santas enmarcadas por medallones ovales.
En el tramo de los pies se eleva el coro alto, también realizado en madera. En forma de U y reforzado por columnillas, todo su frente está decorado por franjas de motivos geométricos de gran colorido. En el coro se conserva también un elaborado facistol de madera de carácter popular.
Todo el interior del edificio está además profusamente decorado con pinturas: con fondos de diferentes colores en los distintos tramos de las bóvedas (naranja para el más antiguo, azul sobre el coro), los distintos elementos arquitectónicos (arcos fajones, bóvedas) presentan diversos motivos florales y geométricos. También los muros en distintos puntos están decorados con elementos de carácter geométrico.