Se encuentra en la divisoria de aguas entre el valle de este nombre y el valle del Isábena. Está muy próxima al castillo de Fantova, sobre el camino tradicional que comunicaba el valle con el cercano núcleo de Güel y la zona del Isábena.
Su planta es rectangular, de nave única, con ábside semicircular y orientado hacia el este. El alzado de los muros se ha realizado en tosca sillería, trabada con gruesa capa de argamasa.
Las fachadas están totalmente exentas de ornamentación. Solo hay una pequeña espadaña de un ojo sobre el muro este, que rompe la simplicidad volumétrica del edificio. El aparejo está formado por sillar bien trabajado dispuesto muy ordenadamente en hiladas irregulares. Cubierta de losa a dos aguas en la nave y cónica en el ábside.
La portada se abre en el extremo de la fachada sur. Es en arco de medio punto y presenta unas jambas formadas por grandes piedras curiosamente trabajadas. El edificio presenta tres ventanas, todas abocinadas de derrame sencillo, una en la fachada este y las otras dos en el ábside, una de ellas centrada y otra en el costado sur.
Resultan patentes dos fases constructivas en el edificio. La nave está encabezada por un ábside semicircular, abierto a ella mediante un estrecho arco presbiterial de medio punto. En la mitad oeste de la nave, se observa un cambio en el aparejo constructivo de la bóveda y los muros, como si hubieran sido recrecidos y la bóveda reforzada en época imprecisa, siempre durante la Edad Media.
El espacio interior posee dos tramos simplemente yuxtapuestos con bóvedas de cañón liso y obra de sillería bien trabajada y ajustada en la nave, y de cuarto de esfera en el ábside. La bóveda de la nave central parece haber sido reforzada por debajo de la original con cambio evidente de aparejo constructivo. En su origen los dos cuerpos se articulaban encañonados a modo de abrazadera y en la reforma se unen por contacto.
A los pies del muro norte se abre un gran nicho en arco de medio punto con un sepulcro labrado en piedra sobre un banco del mismo material. Está abierto y en su interior hay aún restos humanos.
Algunos autores han destacado su similitud con la cercana ermita de San Clemente de la Tobeña, similitud real, aunque deben tenerse en cuenta las sustanciales diferencias de las cubiertas interiores, que hacen pensar que la ermita de La Tobeña es de construcción algo más tardía.