Edificio de planta rectangular y dos alturas, compuesto por el semisótano, aireado, luminoso y carente de humedades, fuera de servicio desde 1972 con el traslado de los mayoristas al actual Mercazaragoza, que al exterior se presenta como el zócalo de la planta superior dedicada a la venta al detalle, y la planta superior destinada a alojar los puestos de venta de los minoristas. La planta del mercado posee estructura basilical de tres naves, de las que la central es más ancha y alta que las laterales y cuya parte superior de los muros presenta decoración metálica con motivos de rombos de tradición mudéjar. Las naves se separan por esbeltas columnas de hierro fundido con capiteles cúbicos decorados con palmetas neoclásicas y collarinos de frutas como motivos decorativos, que sujetan un entramado de vigas metálicas realizadas en hierro laminado; además, al interior se observan tarjetones esmaltados y policromos con la representación de los productos de venta de cada puesto como principal elemento ornamental.
Es patente la racional organización y distribución del espacio amplio, diáfano, ligero y transparente que se genera, ayudando a crear esta sensación la propia estructura de la cubierta y los soportes, realizados en hierro fundido y cristal.
Al exterior destacan sus fachadas principales sitas en sus dos testeros o lados menores, simétricas y con grandes escalinatas de acceso tanto a la planta del mercado como al sótano; en ellas se concentra la decoración arquitectónica y escultórica, realizada en piedra, hierro forjado y cerámica, siempre alusiva y simbólica de la función del edificio. Así encontramos pequeños relieves dedicados al cultivo, a la caza, a la pesca o al acarreo de los productos, medallones ornamentados con motivos vegetales o emblemas con colmenas o caduceos de Mercurio, dios clásico de la prosperidad y de los negocios que simboliza el comercio como función básica del mercado. En estas fachadas encontramos las portadas que reflejan la estructura del espacio interior en tres naves: abiertas en triple arcada de medio punto de diferente amplitud apoyada en columnas pareadas de orden compuesto con capiteles de buena labra en los que se representan cestillos y acantos con frutos arracimados que preludian el decorativismo del Modernismo zaragozano. Los arcos laterales, menores que el central, salvan la diferencia de altura disponiendo sobre ellos una galería de cuatro arquillos de medio punto. El arco central presenta un remate escalonado, y coronando las portadas se aprecian cuatro pináculos en forma de fruteros sobre gruesas pilastras que enmarcan y ritman la triple arcada, además de otorgar una mayor sensación de ligereza al conjunto.
Félix Navarro plantea una gran estructura de vigas de hierro de amplia luz, inspirada directamente en la Galería de Máquinas de la Exposición Universal de Paris de 1889, realizado con un lenguaje totalmente adaptado al carácter y función del edificio- siguiendo su concepto de arquitectura entendida como objeto parlante-, equiparable a las de la arquitectura fabril o industrial de la misma época. Para su realización contó con la intervención de otros artistas y artesanos como el escultor Jaime Lluch, el herrero Pascual González y los talleres Vigata y Fundiciones Pellicer.
Estamos ante un ejemplo de arquitectura historicista finisecular y ecléctica en el sentido de que incorpora los nuevos materiales, como el hierro fundido y laminado, combinados con los tradicionales como la piedra, reservada para reasaltar las partes más vistosas o para aquellas zonas de mayor tránsito y desgaste, y el ladrillo, así como con una planta tradicional, ornamentación de motivos historicistas, y además recupera oficios artísticos como el esmalte, la cerámica o la forja, usados en la decoración interior y exterior del Mercado.