Se encuentra muy próxima a la villa de Bolea hacia el sur, bajo el montículo en cuya cima se alza la colegiata.
En sus proximidades han aparecido restos de sepulturas, ya que junto a ella se situaba el cementerio del barrio de Mueras.
Se trata de una ermita de origen románico que en la actualidad consta de una nave rectangular y cabecera recta orientada hacia el este, producto de una complicada historia constructiva (que es reconstruida con detalle en el apartado “Historia” de esta misma ficha).
Gracias a la arqueología sabemos que la ermita románica original contaba con un ábside semicircular, cuyos restos han sido hallados en el exterior del actual edificio, a continuación de la cabecera recta que vemos hoy en día.
También la arqueología nos ha descubierto que, posiblemente en el siglo XVI, ese ábside semicircular fue derribado (quizá por encontrarse en mal estado) y sobre él se construyó un ábside rectangular y una sacristía, cuyos restos fueron localizados en las excavaciones de 1990-1991 sobre el ábside románico original.
Sin embargo, la ermita sufrió una profunda reforma entre 1693 y 1707, que supuso el derribo del ábside del siglo XVI y un acortamiento del edificio, que fue cerrado con el muro recto que configura la actual cabecera. El nuevo interior fue acondicionado al gusto barroco, con unas bóvedas situadas a una altura sensiblemente inferior a las cubiertas románicas originales, que debieron ser desmontadas en ese momento. Esta obra barroca se mantuvo en pie hasta la restauración de comienzos de la década de 1990, en que fue eliminada por completo, quedando la arquitectura de la ermita tal como podemos verla en la actualidad.
De este modo, desaparecidas tanto la obra del siglo XVI como la de época barroca, creemos el edificio que podemos ver hoy se corresponde en su mayor parte con los muy mutilados restos de la iglesia románica original y que la manera más procedente de analizar la ermita actual es tratar de reconstruir el aspecto y características que tuvo esa iglesia medieval, tal como haremos a continuación.
Del actual edificio de planta rectangular, pensamos que todo su perímetro, a excepción del muro absidal (que es el muro de cierre que se levantó en época barroca), corresponde a la iglesia románica medieval. Está construida con sillería bastante regular que en bastantes puntos muestra, sin embargo, fragmentos de paramento más irregulares claramente producto de sus sucesivas reconstrucciones.
Es muy interesante señalar que en el actual muro barroco de cierre de la cabecera puede verse no solo el arranque del arco triunfal románico (también visible en el interior), sino dos capiteles empotrados en su base que sin duda corresponden al remate de las columnillas que flanquearían la columna que sostenía el mencionado arco.
También presenta interés, en el muro de los pies, una estrecha ventana en arco de medio punto, abocinada al interior, que es un claro resto de la obra medieval.
En el lado sur del edificio se abre la portada románica original. Es un sencillo vano en arco de medio punto, sin decoración, que está enmarcado por dos arquivoltas que apean directamente sobre escalonamientos del muro. La arquivolta inferior consta de un grueso baquetón, mientras la superior está decorada con una sucesión de baquetones más finos. Al interior, el vano románico adopta la forma de un arco mitrado.
El interior actual es un espacio unitario, que como hemos indicado parece corresponder totalmente a la nave y el presbiterio de la iglesia románica original, cerrados por el muro del siglo XVIII en el punto que daría paso al ábside románico.
En primer lugar, debe destacarse que en dicho muro se conservan embutidos y perfectamente visibles los arranques del arco triunfal de acceso al ábside medieval, que por su trazado parece haber sido un arco apuntado de un estilo románico bastante avanzado.
Y, en segundo lugar, y sobre todo, que adosados a los muros se conserva un importante número de elementos sustentantes (conjuntos de columnas, ménsulas y restos de columnas adosadas) que, en nuestra opinión, corresponden en su totalidad a la obra románica y que nos pueden permitir restituir, de forma hipotética, la configuración y características del edificio medieval original.
Los soportes más interesantes y llamativos son dos parejas de gruesas columnas flanqueadas por pares de columnillas más finas, rematadas por singulares capiteles de un estilo muy arcaizante, situados en la zona más próxima a la cabecera, delimitando el tramo del presbiterio. La existencia de esas columnillas adosadas a las gruesas columnas en las que apoyarían el arco triunfal y un arco fajón parecen indicar que ese primer tramo de la nave estaría cubierto con una bóveda de crucería ya protogótica. Asimismo, es interesante señalar que los capiteles visibles hoy en el exterior, empotrados en el muro de cierre barroco, corresponden a las columnillas que flanqueaban una de estas parejas de columnas interiores, lo que podría indicar que el ábside quizás estuvo cubierto con una bóveda nervada (tal como lo estuvo sin duda el de la cercana iglesia de Anzano).
Los capiteles presentan una talla muy tosca y arcaizante, con las figuras centrales generalmente enmarcadas por profundas acanaladuras. La mayor parte de ellos, todos en ángulo, presentan idéntico motivo: una figura antropomorfa alada situada en ambas caras externas del ángulo. Otro de ellos presenta un rostro en mediorrelieve y una roseta. Un tercero muestra un hombre con brazos extendidos que son devorados por sendas serpientes; otro, gemelo a este, presenta un águila cuyas alas, de forma similar, son mordidas por dos serpientes.
En el resto de la nave, en la parte alta del muro norte, pueden verse las huellas de los arranques de tres arcos fajones, que estarían sustentados por columnas rematadas por sencillos capiteles lisos (tal como puede verse en el tramo situado más hacia los pies). Es decir, se trataría de una nave cubierta por una bóveda de cañón (quizá apuntado, a tenor de lo sugerido por los restos de la zona de la cabecera), que estaría dividida en tres tramos por arcos fajones situados bastante próximos entre sí.
Para terminar, debe señalarse que tanto en el muro de los pies como el de la cabecera son visibles las rozas de las bóvedas (de cañón con lunetos y vaída) de la ermita barroca, situadas a una altura considerablemente inferior a las cubiertas románicas originales.
En definitiva, de todo ello, podemos concluir, a modo de hipótesis, que la iglesia románica original constaría de un ábside semicircular, cubierto por una bóveda de horno dotada quizá de nervaduras; un corto presbiterio cubierto mediante una bóveda de crucería; y una nave dividida en tres tramos cubierta por una bóveda de cañón quizás apuntada. Se trata de un sistema de cubiertas poco frecuente en esta zona, pero que nos remite a la ya mencionada iglesia de Anzano, que tendría una estructuración y un sistema de cubiertas similar, si bien en otros aspectos la ermita de Mueras presenta importantes diferencias con ella. Asimismo, recuerda hasta cierto punto a los sistemas de cubrición y soportes de otras iglesias de la comarca de las Cinco Villas como la de San Gil de Luna y la ermita de Puilampa, con las que también podemos emparentar algunos elementos del varias veces mencionado templo de Anzano.