Se trata de un conjunto de gran interés debido a la excepcional calidad constructiva del edificio principal, muy poco frecuente en inmuebles productivos de este tipo, y a la singularidad de la configuración de su sistema de almacenamiento y abastecimiento de agua, derivada de los condicionantes del terreno. Sin embargo, desgraciadamente, la proliferación de vegetación en los últimos años impide hoy en día la visualización de gran parte de los elementos del conjunto, especialmente de los situados en la parte trasera.
El conjunto era alimentado con aguas del río Isuela, derivadas a través de un azud ubicado aguas arriba, que aún se conserva parcialmente y del que puede verse la compuerta que desviaba el agua hacia la conducción del molino.
Para el almacenamiento del agua contaba con un sistema de balsa y cubo, situados en la parte trasera del edificio, a una cota ligeramente superior a este. La balsa, colmatada desde hace años, estaba realizada con mampostería y, según testimonios recabados a principios de nuestro siglo, tuvo una profundidad de unos 2 metros en la época de funcionamiento del molino.
En el extremo de la balsa más próximo al molino parte una canalización, visible hasta hace muy pocos años, que conducía el agua hasta el cubo. Con un trazado en forma de L, esta canalización tiene una profundidad de 1,40 m, una anchura que oscila en torno a un metro y se encuentra revestida con sillares de buenas cantería.
El cubo está realizado en sillería, es de sección circular de unos 2 metros de diámetro y tiene 7,5 metros de profundidad. Una gran estructura cuadrangular de piedra, construida también con sillares de buena factura y rellena de tierra, actúa como elemento de contención.
En la base del cubo se encontraría la boca del saetín, una abertura adintelada de cierto tamaño a través de la cual se vertía el agua hacia el rodete en el interior del cárcavo del molino. Ambos elemento, saetín y cárcavo no pudieron ser documentados durante los trabajos de limpieza y acondicionamiento de 2005.
El edificio del molino propiamente dicho tenía planta rectangular y conserva su fachada, realizada con una magnífica obra de sillería y aún bastante íntegra, y parte de los dos muros laterales. Tenía tres pisos de altura.
En el lado izquierdo de la planta baja se abre la puerta, de grandes dimensiones, en arco escarzano muy rebajado realizado con sillares almohadillados, al igual que las jambas en las que apea. Sobre ella se abre un gran balcón adintelado, cuyo dintel y jambas están enmarcados por tres gruesos baquetones.
Inmediatamente por encima del balcón, en la segunda planta, hay una hornacina en arco de medio punto, con marco resaltado recorrido por una decoración en zigzag; en su parte superior hay dos placas con la inscripción “AÑO / 1899”. En su interior la hornacina presenta en altorrelieve una imagen de san Martín a caballo partiendo su capa con el mendigo, según el relato hagiográfico, si bien ambas figuras se encuentran relativamente dañadas. En esa misma planta se abre una sencilla ventana adintelada.
Remata la fachada un saliente alero de piedra, tallado en gola.
El interior del molino cuenta con tres estancias rectangulares sucesivas, que fueron desbrozadas y acondicionadas en 2005. La primera desempeñaba las funciones de zaguán y cuenta con dos puertas cegadas que darían acceso al horno y a las caballerizas. En la segunda se conserva el arranque de un tramo de escalera que conducía a los pisos superiores. Un gran arco rebajado que arranca casi directamente del suelo da paso a la última estancia, donde se encontraba la sala de molienda. Debajo de esta sala debió –o debe— estar el cárcavo.
Por fotografías de hace unas décadas sabemos que el molino contaba con un segundo cuerpo construido, adosado al edificio principal por el lado oeste. Era una construcción también de tres pisos, realizada con tapial encalado, de una factura mucho más popular que la parte conservada en la actualidad.