Las casi 3000 grabaciones sonoras que el historiador y etnógrafo Enrique Satué ha donado a SIPCA ofrecen un profundo y variado panorama de la vida tradicional en el Pirineo central y sus transformaciones a lo largo del siglo XX. Grabadas durante varios años a lo largo de toda la cordillera, sus habitantes hablan en estas entrevistas de paisaje y creencias, de trabajos y fiestas, del ciclo de la vida, de guerras y pantanos... Un inagotable caudal de información, vivencias e imágenes, del que entresacamos algunos ejemplos.
A finales del siglo XVIII, en una pequeña aldea pirenaica, una familia de la baja nobleza va a ver alterada su apacible existencia debido a un testamento y una extraña boda, y sus descendientes se convertirán en embajadores, ministros, cardenales... El fondo documental de los Bardají de Graus continúa relatando una apasionante saga familiar a través de escenarios como la casa señorial de Puyarruego, el monasterio de San Victorián y un palacio en Graus. A ella se asomarán personajes célebres como José Nicolás y Félix de Azara o incluso el zar de Rusia Alejandro I, Manuel de Godoy, Napoleón y Fernando VII.
Entre los documentos privados custodiados en los archivos aragoneses, destaca por su riqueza y singularidad el fondo de la familia Bardají de Graus: más de 2000 documentos, fechados entre 1396 y 1952, que relatan la historia de una familia de la pequeña nobleza montañesa en la que hubo bandoleros y contrabandistas, espías e inquisidores, clérigos y notarios, e incluso un cardenal y un embajador, y cuyos palacios y casas solariegas continúan en pie en diversos pueblos del Pirineo oriental altoaragonés.
Ladrones, incendiarios, asesinos, falsificadores... Cualquier criminal y delito posible era contemplado en los detallados estatutos penales que fueron promulgando los concejos rurales a lo largo de la Edad Moderna. En el siglo XVI, mientras los delincuentes ocasionales son juzgados con ejemplar dureza en villas y pueblos bajoaragoneses, el Pirineo vive aterrorizado por los bandoleros que campan a sus anchas en grandes cuadrillas. Hoy quedan las cárceles que albergaron a unos y a otros, junto a las variadas historias judiciales narradas por los fondos de nuestros archivos.
Las cárceles del Antiguo Régimen son el testimonio de uno de los períodos más turbulentos de la historia aragonesa. Abandonadas durante siglos, hoy muchas de ellas han sido restauradas y musealizadas, y pueden visitarse en ayuntamientos del siglo XVI o en viejos torreones medievales. Sus muros, decorados aún por los abigarrados graffiti de los presos, albergaron múltiples historias de violencia y delitos, juicios y castigos, que han quedado documentadas en nuestros archivos.
Casetas y bancales, lindes y caminos... Los paisajes aragoneses han sido transformados a lo largo de los siglos por una práctica constructiva milenaria que vuelve a estar de actualidad. Mientras se multiplican las iniciativas para su recuperación, la técnica de la arquitectura en piedra seca ha sido declarada Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés. Además, Aragón participa actualmente en la candidatura europea que ha solicitado el reconocimiento de esta técnica como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la UNESCO.
Habitados por ninfas y otros misteriosos seres femeninos, los cursos de agua han venido nutriendo de leyendas el imaginario popular europeo desde la antigüedad grecolatina. En Aragón, las hadas y encantarias, las moras hechizadas y las lamias, pueblan habitualmente fuentes y manantiales. A partir de la Edad Media, la Iglesia, en una estrategia de apropiación simbólica del territorio, fue cristianizando muchos de estos lugares: construyó santuarios en sus inmediaciones y los convirtió en escenario de leyendas sagradas y de curaciones milagrosas.
La necesidad cotidiana de agua de boca ha generado a lo largo de la historia un variadísimo conjunto de construcciones, fruto de los condicionantes del medio físico y de los conocimientos técnicos de cada época. Nuestro territorio está jalonado por cientos de acueductos y de fuentes, pozos, aljibes, balsas... cuya construcción y aprovechamiento han ido quedando documentados en nuestros archivos, mientras su uso diario dejaba sus huellas en la literatura y música popular.
El patio de la Infanta oculta un complejo mensaje simbólico, cifrado en su escultura y su decoración: una exaltación del amor, en general, y del matrimonio de Gabriel Zaporta y Sabina Santángel, en particular. Así, poderosos monarcas históricos y célebres parejas de amantes literarios tutelan la ceremonia nupcial, representada mediante un exacto horóscopo esculpido que remite a la hora y el día de la boda. Es fruto de una época en que los astros eran consultados para averiguar las fechas más propicias para el inicio de cualquier empresa: un matrimonio, un viaje, una batalla...
Durante el siglo XVI Zaragoza es una de las ciudades más prósperas, cultas y dinámicas de la península. Por iniciativa del Concejo y la Iglesia, suntuosos edificios jalonan un espacio urbano renovado, mientras una nueva clase de mercaderes enriquecidos compite con la aristocracia en la construcción de lujosas viviendas. Entre ellos destaca Gabriel Zaporta, cuyo palacio albergará una de las obras más singulares y enigmáticas del Renacimiento español: el patio de la Infanta.