SIPCA
Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés
Hemos publicado en nuestro portal web alrededor de 1000 fotografías de 42 castillos y edificios fortificados de la provincia de Huesca, todos ellos declarados Bienes de Interés Cultural, que hasta el momento carecían de una adecuada documentaci...
Se trata de uno de los edificios premodernistas más relevantes de Teruel. Fue concebido para albergar un colegio e internado para niños pobres o huérfanos.
Está ubicado en un gran solar del actual barrio de San Nicolás, que originalmente se encontraba en el exterior del recinto urbano, lo cual permitió el desarrollo de la amplia planta del edificio.
Presenta un esquema en H, simétrico y claramente funcional. Cuenta con una planta sótano, planta baja, dos pisos y bajo cubierta.
En la fachada principal el cuerpo central configura con las alas laterales un amplio ámbito de acogida, presidido por el módulo levemente resaltado que contiene el acceso principal y está rematado con un frontón de marcado carácter representativo.
La unidad del conjunto queda reforzada por el tratamiento común de las fachadas, realizadas en mampostería de piedra con las esquinas resaltadas en piedra de sillar y huecos exteriores recercados con labores de ladrillo y piedra. Los vanos se disponen de forma proporcionada y regular, confiriendo al conjunto una gran elegancia y armonía.
Destaca la reja de la puerta principal del edificio, una de las forjas modernistas más importantes de Teruel. Presenta un complejo diseño que combina formas lineales con curvas y motivos florales dispuestos simétricamente. Se ha especulado con la posibilidad de que su diseño se deba a Pablo Monguió, que sustituyó a López Pascual como arquitecto municipal tras su dimisión y se encargaría de los acabados de la obra. Su ejecución correría a cargo de los talleres de Matías Abad.
La principal consecuencia de la despoblación masiva que sufrió el mundo rural fue el desarraigo de miles de personas, a quienes la experiencia marcó de por vida. Pero hoy nos centramos en sus consecuencias sobre el patrimonio cultural, ya que supuso una irreversible transformación de los paisajes, la ruina de numerosos edificios de interés y la desaparición de innumerables tradiciones populares. Visitar un pueblo deshabitado en 2026, entre la ruina y la vegetación, suele ser una experiencia desoladora. Sin embargo, aún quedan algunos ejemplos que se conservan en buen estado, gracias al tesón de sus antiguos habitantes. Os recomendamos algunos de los más interesantes.
Jesús Vázquez ObradorSabiñánigo, Comarca del Alto Gállego, 2002