Hemos incorporado a la sección de Archivos sonoros del portal SIPCA el trabajo “Recopilación de tradición oral en el Parque Cultural de San Juan de la Peña. Fase 2”, realizado en 2007-2008 por las investigadoras Sandra Araguás y Nereida Torrijos...
Se trata de una torre campanario de estilo románico perteneciente a la antigua iglesia de San Pedro, demolida en el siglo XIX. Adosados al frente septentrional de la torre se conservan restos de tres arcos fajones y el arranque de la bóveda de cañón de la desaparecida iglesia. La torre, realizada en sillería, es una construcción de planta cuadrada. Consta de tres cuerpos, el primero de los cuales se divide interiormente en dos pisos. Están separados entre sí por finas impostas. Los dos últimos cuerpos, que cumplían la función de campanario, presentan dos vanos pareados en cada una de sus caras, a excepción de la septentrional que solo presenta uno; se trata de vanos en arco de medio punto que apean en columnas con capiteles lisos. Los arcos de las ventanas del frente occidental además son doblados y están enmarcados por una moldura en ajedrezado jaqués, similar a la que remata la fachada y recorre la cornisa. El acceso al interior se realiza por una puerta en alto, rematada por un sencillo arco de medio punto de factura moderna, abierta en el frente sur de la torre. Lleva directamente al primer piso de la torre, pues la planta baja tiene en la actualidad acceso independiente y carece de comunicación con con los pisos superiores. Los tres pisos superiores de la torre están comunicados mediante escaleras de piedra. Los dos primeros son salas cuadrangulares cubiertas con bóvedas de medio cañón sobre impostas biseladas, mientras que el último lo hace con bóveda esquifada reforzada por una pareja de nervios cruzados. La planta baja, a la que se accede desde la vivienda contigua, aloja una capilla cubierta con bóveda de cañón rebajada y decorada con pinturas murales a base de casetones fechadas en 1567. También existieron pinturas de la misma época en los muros de esta estancia, que en la actualidad se encuentran muy deterioradas y casi perdidas, aunque todavía pueden percibirse los restos de la representación de un calvario en la pared occidental.
El siglo XVI es la época dorada de la escultura aragonesa y en ella brilla con luz propia el valenciano Damián Forment, considerado como uno de los escultores claves del período debido a múltiples factores como su virtuosismo en la talla, su habilidad para diseñar complejas y armoniosas composiciones repletas de figuras y su capacidad de aprendizaje, que le permitió evolucionar desde su inicial formación gótica hasta la paulatina incorporación de influencias italianas, convirtiéndole en uno de los introductores del Renacimiento en España.
Jesús Vázquez ObradorSabiñánigo, Comarca del Alto Gállego, 2002